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Óbidos está al norte de Lisboa, en la región Oeste, entre Caldas da Rainha y Peniche. Las murallas todavía rodean el casco antiguo, y el castillo y las calles que encierran figuran juntos como un único conjunto histórico. Esta página entra por la puerta principal, sube al adarve, se asoma a la iglesia donde Josefa de Óbidos dejó sus cuadros y termina fuera, junto al acueducto.
El castillo pasó de manos musulmanas a manos cristianas en el siglo XII. A finales del siglo XIII, el rey Dinis regaló Óbidos a su prometida, la reina Isabel, y los reyes que vinieron después siguieron entregándola a sus propias reinas. Por esa costumbre se la sigue llamando Vila das Rainhas, la villa de las reinas.
Casi todo el mundo llega por la Porta da Vila, la puerta principal. Detente dentro del paso y levanta la vista: azulejos azules y blancos cubren los muros alrededor de un pequeño oratorio. Al otro lado, la Rua Direita, la calle principal, sube entre casas encaladas con franjas azules y amarillas hasta el castillo, y a ambos lados se abren callejuelas empedradas. Por el camino verás a menudo la ginjinha, también llamada ginja, el licor de guindas de la zona, que en Óbidos se suele servir en una tacita de chocolate.
Unas escaleras cerca de la puerta suben al camino de ronda, y se puede seguir alrededor de toda la villa, con los tejados rojos y las calles estrechas a tus pies. El paso es angosto, tiene caída a un lado y casi nunca lleva barandilla, así que conviene llevar calzado que agarre bien, renunciar si te dan miedo las alturas y no perder de vista a los niños.
Dentro de las murallas se alza la Igreja de Santa Maria. En el siglo XV acogió la boda del rey Alfonso V, y en su interior guarda la tumba de João de Noronha el Joven. Entre sus cuadros hay obras de Josefa de Óbidos, pintora nacida en Sevilla hacia 1630, que ya trabajaba en Óbidos en 1653 y murió aquí en 1684. Su pintura muestra la influencia de Francisco de Zurbarán.
Al final de la Rua Direita se levanta el Castelo de Óbidos. Hoy funciona como hotel, de modo que la mayoría de los visitantes lo contempla desde la calle y desde el adarve. Fuera de las murallas, cerca de la carretera principal de acceso, se levantan los arcos del acueducto. Se construyó en el siglo XVI por iniciativa de la reina Catalina de Austria, para llevar agua a Óbidos.
Cinco tours privados te dejan marcar el ritmo. Una salida de medio día desde Lisboa une Óbidos y Nazaré, mientras que un día que empieza en Sintra reserva la segunda mitad para las murallas, la Porta da Vila y la Rua Direita. También desde Lisboa, un tour privado suma Fátima y Nazaré a un paseo por la villa amurallada y por la Igreja de Santa Maria, otro, con recogida en Lisboa o en Cascais, termina aquí con tiempo para el adarve del castillo, y uno más largo empieza en Óbidos antes de Nazaré, Alcobaça, Batalha y Fátima.
Los grupos reducidos siguen rutas fijas desde Lisboa. La más corta combina Óbidos y Nazaré, con entrada por la puerta principal y subida a las murallas. Hay además tres excursiones de un día en grupo reducido (una, otra y una tercera) que pasan primero por Fátima, Batalha y Nazaré y terminan dentro de las murallas de Óbidos.
Tienes más excursiones por la villa en la página de Óbidos.
Sí. Se sube junto a la Porta da Vila, pero con cuidado: apenas hay donde agarrarse y la altura impone.
Hoy es un hotel, así que sobre todo se ve desde fuera.
Desde el rey Dinis, los reyes de Portugal la regalaron muchas veces a sus reinas.
Una artista del siglo XVII que vivió y trabajó en la villa; varias de sus obras están en la Igreja de Santa Maria.
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